Estaba terminando una relación cuando él me invitaba a salir todo el día, todos los días. Simplemente no se daba por vencido, que un café, que el teatro, una que otra marcha, mensajes y llamados constantes. Un día lo senté y le dije: "Oye, acabo de salir de una relación, no quiero nada con nadie. Te quiero mucho, pero tienes que respetar este momento de soledad que quiero tener" y me respondió "No. No voy a respetar 'tu momento' porque te quiero y cuando quiero algo lo busco, lo encuentro y lo tengo... si te voy a perder que sea por catete y no porque no hice nada". Secretamente tampoco quería que se rindiera así que me dejé conquistar con rapidez, en tres escenas para el té.
Y así seguimos, por unos meses maravillosos todo tuvo sentido. Es que el revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor, y amor teníamos de sobra los dos! Incluso llegué a aprenderme el lugar de sus lunares! Pero como no somos muy convencionales, teníamos nuestros propios códigos. El pingüino emperador le pide a su pareja que se apareen entregándole una piedra, el pingüino busca la piedra más perfecta que pueda encontrar en el desierto de hielo y se la lleva a la hembra para que construyan un nido juntos, algo así como el primer ladrillo. Él y yo, no nos decíamos 'te amo', cada uno tenía una piedra y cuando queríamos decirnos 'te amo' simplemente nos la pasábamos entre nosotros. Ya ni siquiera recuerdo cuál era mi piedra originalmente, es que fueron tantas las veces que esa bendita piedra iba y venía que la confusión es inevitable.
Pero las cosas cambiaron, él empezó a sentir cosas por alguien más y, con la honestidad que lo caracteriza, me lo confesó. Le dije que nos separáramos un tiempo, que siguiéramos siendo amigos. Si seguíamos como pareja y él con sus sentimientos hacia alguien más... muy complicado, lo iba a terminar odiando. No, mejor tomar el camino maduro, que él se aclare y decida si quiere volver a mi lado, mientras tanto, seríamos sólo amigos... y es que hay sólo una cosa peor que no tenerlo como pareja, y esa es no tenerlo del todo. Sigo esperando, ya no creo que vuelva, le entregué mi piedra hace un par de semanas y él no me entregó la suya. Sólo sé que cuando me quiera, me va a buscar, y si me conoce, me encontrará, y si me encuentra, me tendrá. Y yo me dejaré conquistar nuevamente, porque azotaría mil veces mi corazón contra una mesa de mármol con tal de volver a dormir una noche al ritmo de su respiración.
Paciencia
viernes, 10 de agosto de 2012
Publicado por
Susi
en
0:24
0
comentarios
Enviar por correo electrónico
Escribe un blog
Compartir en X
Compartir con Facebook
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
